Las denominadas “Fiestas Patrias”, o aquel fin de semana largo que siempre nos toca en septiembre, es celebrado por prácticamente todo el espectro social criollo…claro que no de la misma forma.

Como todo en esta tierra, coexisten dos realidades bien marcadas, en donde los que llevan las riendas de este país desde que somos país, vanaglorian sus triunfos, su ascenso, la apoteosis de sus apellidos, desde que hace centurias le juraron lealtad a un rey depuesto y bajo esa premisa, se dispusieron a mandar y gobernar con la chicota en la mano al vulgo que tuvo la desgracia de crecer y asentarse en sus fincas. Porque a estos últimos les tocó ser del grupo de “los gobernados”, la masa explotable que cumplía, cumplió y sigue cumpliendo la función de acrecentar las riquezas de aquellos que tienen patria, porque Chile es de ellos.

Pero ahí está septiembre, el mes de la primavera, de los juegos típicos, de los asados, de los volantines, de la chicha, de la cueca y la empanada. Ahí está el pan y el circo de las “Fiestas Patrias” para que el Pueblo se entretenga y festeje por ser parte de un país que no les pertenece, pero que les permite en septiembre entrar en éxtasis catárquico y -previo gasto monetario de lo que no tiene y complementado con un aguinaldo que no le alcanza- tirar la casa por la ventana, sentarse en la mesa y servirse a destajo junto a la familia y los amigos.

O bien -siempre junto a la familia y los amigos-, salir a buscar rincones de esa patria que no los re-conoce, para re-encontrarse entre iguales, re-partirse en espacios comunes y compartidos: en donde chapotear como cabros chicos, sentarse bajo un árbol a destapar una pilsen tras otra, juntar cuatro piedras y compartir una parrilla con el grupo vecino, hacer sonar el reggeton más fuerte que los del otro lado, tirarse río abajo en una cámara de camión, encumbrar volantines a guata pelá, amasar las que serán las tortillas de rescoldo para cuando caiga la tarde, pasear a caballo o en carreta por dos lucas, acostarse en la parte de atrás de un camión de la feria lleno de naranjas y limones, meter la cabeza al agua para capear el calor, abrazar y besarse apasionadamente como si nadie mirara; porque en realidad nadie mira o porque en realidad nada importa que miren todos, porque todos somos lo mismo, porque entre iguales no nos reprochamos nada. Porque todos somos Pueblo y a la chucha los patrones (valga el concepto para identificar al jefe o a las normas)…es septiembre.

Porque, como dice Redolés, aquí nadie discrimina a los chilenos porque todos somos chilenos.

Así es el 18 del Pueblo, en donde pareciera ser que la premisa de cada uno de esos conciudadanos olvidados e ignorados del país durante el resto de su existencia, es disfrutar como si no hubiese mañana o, como si en ese mañana no se tuviera que volver a la misma rutina de siempre a sonreírle a ese jefe de mierda mientras se completan las horas de la extensa jornada laboral para poder volver a casa o, quizás, desviarse del camino y pasar por una nueva Pilsen por ahí……total, es septiembre.

texto: @paromol
Foto: polizon.org

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