Cuenta la leyenda que hace ya varios siglos, un demonio se había introducido dentro de la vagina de una hermosa y joven virgen. Y que este demonio ennegrecido de amor por la muchacha cuando ésta contrajo matrimonio y se acercaba la a consumación del mismo en la noche de bodas, con afilados y grandes dientes se manifestó cortando el pene al aterrorizado marido.

La mujer al no poder consumar su matrimonio, contrajo de nuevo casamiento y el demonio hizo de las suyas, cercenando nuevamente al marido de la joven. Entonces, un herrero forjó en metal un pene con el cual logró destruir los dientes del sangriento demonio y así además conquistar a la contrariada joven.

Es con esta leyenda, sumada además a diversas influencias sobre el período de la fertilidad y que en el hemisferio norte coinciden con los inicios de la primavera, que año a año en la localidad de Kawasaki, cercana a 20 minutos en tren de Tokio la capital Japón, se celebra el Kanamara Matsuri o en castellano el Festival del Pene de Metal.

Festival

Una fiesta que se realiza en torno a un pequeño y antiguo templo de madera de religión sintoísta, que ubicado a metros de la estación Kawasaki Daishi de la línea Keykiu, alberga el primer domingo de abril de cada año a miles de visitantes tanto japoneses como extranjeros, que se deleitan con las imágenes poco tradicionales, comparado con las que están habituados en Japón.

Aunque esta celebración se realiza desde el período Edo en el siglo XVI, donde las prostitutas de Kawasaki acudían al templo a pedir a los dioses su protección para no ser contagiadas con enfermedades de transmisión sexual, hoy por hoy, esta celebración está asociada a la fertilidad, por lo tanto, se ven parejas y mujeres que quieren procrear, dejando pequeños recuerdos en el templo.

Son muchas agrupaciones las que se encargan de cargar en unas plataformas, las tres manifestaciones de grandes Mikoshi que salen en procesión por algunas de las calles de la zona. El Gran pene negro que encabeza la procesión es cargado tanto por hombres y mujeres que vestidos con trajes distintivos, avanzan cantando y saltando, y celebrando a la virilidad.

Quien le secunda, es quizá el más curioso de los tres, un gran pene de color rosado cargado por travestis, evocando la protección de la enfermedades venéreas, todos vestidos de rosado, con pelucas y chaquetas de la festividad también de color rosado y negro. Las dirige un anciano, que a punta de gritos las encamina por el buen camino de la peregrinación.

Y cerrando la romería de miembros viriles, viene quizá el más importante, y por el cual incluso algunos se pelean por cargar, el miembro que derrotó al demonio destruyendo sus dientes, en una plataforma acompañada de un grueso tronco de árbol, aparece el pene de metal. Esta vez, son por lo menos 50 hombres de las diversas agrupaciones que se juntan para desarrollar el festival, que con gritos y empujones, apuran o retardan la procesión de los falos.

En el lugar se pueden encontrar todo tipo de artículos a la venta y que son la delicia de los visitantes, pero sí para comprarlos hay que armarse de mucha paciencia pues será por lo menos 1 hora y media de fila para poder adquirir desde grandes penes de caramelos y velas, hasta las tablillas donde se escriben los deseos de este templo. Y si el hambre arrecia serán los yakitori, yakisoba, ramen y los internacionales kebab que instalados en diversos puestos entregarán las típicas comidas de las festividades.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.