Dos días antes de viajar a Hiroshima estaba preocupado, quería estar en las actividades de conmemoración de los 70 años de las explosiones nucleares, tanto en Hiroshima como Nagasaki. Recorrí varias horas páginas en japonés e inglés para tener algo así como la pauta oficial y ver si podía acreditarme. Siempre tengo el mismo problema, acordarme a última hora e intentar tener acreditación de prensa, aunque tenía pensado hace un año acudir a la actividad. ¿El resultado? Un país del primer mundo no va a acreditar a un reportero gráfico, que más encima tuvo que inventar sobre su medio y menos a última hora a la actividad más importante del año.


No estar acreditado no me importó en lo absoluto y es por eso que este 6 de agosto del 2015, 70 años después de la primera explosión de una bomba nuclear lanzada sobre seres humanos, estuve en ese lugar. Así que sin ducharme, pues este lugar no tenía duchas, salí cerca de las 5:30 de la mañana del primer lugar donde alojé, caminé hasta una de las avenidas principales y tomé un atiborrado tranvía que se dirigía al Parque por La Paz de Hiroshima.

Antes de llegar al lugar dejé mi mochila con mi ropa en un locker de una estación de metro cercana. Llegué a las 6:20 de la mañana y con el sol arriba de mi cabeza y por lo menos 30º de un húmedo calor, y que yo sentía mucho más con mis pantalones largos de color negro y mi camisa de nylon, al parque que está situado en la punta de una isla en el río Ota. Ya llegaban miles de personas por todas las calles colindantes, jóvenes, niños, viejos, mujeres y muchos extranjeros. De lejos mientras cruzaba un puente, observo a cuatro personas erguidas sobre el borde del río rezando en dirección a la cúpula de una de las pocas estructuras que resistió la explosión nuclear y que hoy es conocida como Domo Genbaku.

Me acerqué a ellos y recién comencé a tomarle el peso al lugar hacia donde me estaba dirigiendo. Es decir, durante toda mi enseñanza en escuelas se nos enseñó la Segunda Guerra Mundial y cómo una de las potencias, luego de la más grande prueba experimental sobre humanos y que devastó dos ciudades, se rindió. Y ahora estaba ahí, en la conmemoración de los 70 años de dicho genocidio perpetrado por los Estados Unidos para probar la bomba atómica que había construido y no solo derrotar al Japón imperial, sino que dar un mensaje a la Unión Soviética.

Por suerte esta vez no me acreditaron, pues de haberlo estado, me habría perdido a tres anarquistas que a gritos trataron de irrumpir en el acto central.

Luego pude ver una marcha de unas 500 personas, gritando al primer ministro Shinzo Abe que no quieren la guerra ni el cambio de constitución pacifista y de autodefensa que actualmente tiene Japón. El cambio permitiría que sus fuerzas armadas puedan intervenir militarmente otros países si es que así lo requieren, o sus aliados lo solicitan.

Me habría perdido también poder caminar entremedio de los japoneses comunes y corrientes que se acercaron al Parque Memorial para que a las 8:15 de la mañana, y luego de que el alcalde como orador principal diera el único discurso por la paz, bajaran sus cabezas, cerraran su ojos y a pesar de no ser una sociedad muy religiosa, orar, orar por los caídos ese día, orar por la memoria histórica que los hace volver año tras año a recordar sus muertos y decirle al mundo que nunca más Japón debe volver a entrar en una guerra y que nunca más deben ser utilizadas armas como la bomba nuclear lanzada sobre Hiroshima.


Durante la noche del mismo 6 se desarrolló una actividad participativa, el tōrō nagashi, donde personas de todas las edades depositan en el borde del río cientos de pequeñas lámparas de papel con dibujos, mensajes, y que iluminadas comienzan a flotar y ser arrastradas por la pequeña corriente. Esta actividad es realizada en silencio y llena de recogimiento, donde niños y adultos sonríen de emoción y observan cómo las aguas del río llevan a todas partes sus mensajes de buena voluntad, paz, amor y entendimiento entre seres humanos.

3 Comments

  1. Que hermoso relato, me ha transportado desde la tristeza a una emoción más sobrecogedora aún que alberga esperanza… gracias al relato fotográfico y el escrito me sentí por un momento a tu lado en esta experiencia… la humanidad olvida demasiado rápido y fácilmente pero hay cosas que debemos negarnos a olvidar, este es uno de ellos.

    • Gracias Nora por tus comentarios. y si, fueron momentos super fuertes. y en eso estamos rescantando la memoria.
      saludos y comparta con sus contactos

  2. Al llegar a Hiroshima y ver el domo se me cayeron las lagrimas al recordar y pensar en lo que ocurrió allá. Y más aún como todo un pueblo supo levantarse de esa tragedia. Excelentes fotos y gracias por compartir esto. Saludos!

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