Esta vez no me levanté a las 5 de la mañana, esta vez desperté en un hotel y tuve desayuno, un buen desayuno de ensaladas típicas de Nagasaki con jugo de naranjas y dos lonjas de pan artesanal con una especie de consomé, donde flotaban unas ricas salchichas, y siendo las 8.30 de la mañana salí del hotel en dirección al lugar de conmemoración, distante a unos tres kilómetros de la estación principal. Este trayecto lo hice en un viejo, pero cómodo tranvía mitad verde y color crema del año 1919, varios años antes de que explotara la bomba nuclear, y que para sorpresa mía costó sólo 120¥, el valor adulto más barato por trasladarme que he pagado en Japón.


Nagasaki es un puerto que tiene un parecido bastante impresionante con Valparaíso, en épocas pasadas era la puerta de entrada a Japón por barco, tiene casas encaramadas en los cerros y calles laberínticas, aunque tiene un vida nocturna un poco sosegada, comparada con el principal puerto de Chile. Es una ciudad detenida en el tiempo, por allá por los años de la reconstrucción, quizás la década de los 50 o 60. De casas bajas y pocos edificios, los más representativos están en el centro de la ciudad que como en casi todo Japón está invadido por luces de neón.

El traslado entre la estación de Nagasaki y el Parque por La Paz fue de apenas 20 minutos por una de las vías principales de la ciudad. Al llegar a la parada ya habían muchas personas, pero algo pasa con la segunda explosión, o con la ciudad o con las autoridades o el mundo, pues sentí que la actividad no reunía a los miles y miles de personas de Japón y el mundo a conmemorar. Lo cierto es que el segundo experimento con explosión nuclear sobre seres humanos, fue más potente y aunque cueste decirlo más terrible que el de Hiroshima. Y aunque toda la ciudad gira en torno a ese fatídico hecho, mi sentir es que es como la hermana pequeña de las conmemoraciones.


Estuve dando vueltas entre la plaza que conmemora la zona cero y el parque por la paz, pues en ambos lugares iban a haber conmemoraciones, aunque la del parque era la actividad oficial, lugar al que accedí sin problemas por lo menos los primeros tres anillos de seguridad, con una credencial de prensa de un medio del que me despidieron hace ya varios años y que además estaba vencida. Al igual que en la actividad de Hiroshima, el único orador fue el alcalde de la ciudad de Nagasaki, quien criticó con duras palabras las políticas imperiales del primer ministro Shinzo Abe, quien estaba presente en el lugar para dejar una ofrenda floral como parte de las actividades de conmemoración. Y mientras se sucedían los pequeños actos conmemorativos, en las afueras pasaba una pequeña manifestación por el de derecho a la paz y contra las armas nucleares.

En la plaza de la Zona Cero, una gran explanada rodeada de grandes árboles verdes, donde en la cabecera se encuentra el monumento a los muertos por la explosión y al costado un pequeño trozo de un portal de la Catedral Urakami de Nagasaki, que fuera completamente destruida, había exposiciones de la prensa de la época, fotografías, miles de grullas de papel de colores colgando, y un grupo de personas realizando una actividad conmemorativa al lado de una gran estatua de una madre junto a su hijo muerto, pidiendo a los pocos extranjeros presentes que luego de ser adornados con collares de grullas pudieran dar algún mensaje de paz.


Una jornada completa que a pesar del elevadísimo calor, quizás el más grande que he sentido en Japón con cerca de 39º de temperatura, donde pude observar la nueva Catedral de Urakami, que tiene una parte de una virgen que no fue destruida por la explosión y que en su actual frontis tiene dispuestas algunas de las ruinas de la anterior catedral. Caminando por entre los cerros en pequeñas avenidas pude contemplar un fragmento de un Tori, pequeña construcción de concreto que con forma de portal instalan los monjes japoneses en las entradas de los templos y del cual una parte resistió la devastación nuclear dejando una sección en pie y el resto esparcido a unos cuantos metros de distancia, pequeños mensajes para recordar que aún la herida existe, y que aún está abierta y que como dice una de las sobrevivientes de este cataclismo: aún no se nos olvida que fueron humanos quienes lanzaron bombas nucleares sobre otros seres humanos.

One Comment

  1. Excelentes fotos y ojalá sigas subiendo más post en tu página. Como escribí por ahí, pase por Nagasaki en septiembre y me dio la sensación que es una ciudad algo “olvidada” en comparación con otras (la misma Hiroshima). Otro que me llamó la atención es que en el parque de La Paz, la mayoría de las esculturas y homenajes fueron de ex republicas comunistas (DDR, URSS, Bulgaria, etc…). El museo fue impactante.
    Un abrazo desde Santiago

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